Conclusiones del XVIII Curso Internacional de Defensa de Jaca 2010

El Palacio de Congresos de la ciudad de Jaca ha acogido del 27 de septiembre al 1 de octubre, el XVIII Curso Internacional de Defensa, organizado por la Academia General Militar y la Universidad de Zaragoza.

Bajo el título de «Medios de Comunicación y Fuerzas Armadas», reunió a prestigiosos especialistas del mundo académico, de los medios de comunicación social y profesionales de los ejércitos que han desempeñado un papel relevante en la difusión de información en diversas zonas de operaciones como son Afganistán y El Líbano.

Tanto las conferencias y ponencias, así como los debates surgidos, numerosos y de gran calidad, pueden vertebrarse en torno a tres ejes:

En primer lugar se constató la existencia de un «poder de la información», entendido como la habilidad de utilizar el contenido de la información y la tecnología para influir en la población y, así, actuar sobre el pensamiento y la toma de decisiones; poder basado sobre todo en la imagen y el control del acceso a los canales de distribución de la información –«lo que no aparece en los medios, no existe». Ante el éxito de propaganda y proselitismo conseguido, a través de los medios de comunicación de masas, por los nuevos enemigos asimétricos –léase movimiento talibán, Al Qaeda y variadas organizaciones terroristas e insurgentes–, se ha incidido en la necesidad, para los Estados occidentales, de desarrollar un plan de información estratégica de defensa; plan que debe ser claro, directo, eficaz y creativo, con objeto de intervenir en el combate de las ideas y de las narrativas –o relatos– que envuelven los actuales conflictos.

Sobre esta materia merece tomar en consideración la teoría expuesta por el profesor Manuel Castells, en el sentido de que las sociedades occidentales son «sociedades en red», esto es, formas de organización humana que se construyen mediante interacciones de redes sociales conectadas entre sí por sistemas electrónicos digitales. Es en este modo organizativo, mucho más ágil, flexible y eficaz que las sociedades estructuradas jerárquicamente, donde se estaría desarrollando una nueva especie de guerra: la «guerra en red», entendida como la capacidad de responder a las redes de actores estatales y no estatales adversarios, desarrollando redes de información con capacidad de influir en la sociedad.

De ahí que, el también profesor Daniel T. Kuehl, preconizara la utilización del poder de la información para el desarrollo de las comunicaciones estratégicas, seleccionando las audiencias y los medios apropiados para cada una, con el fin último de influir en sus emociones, motivaciones y razonamientos objetivos, induciendo o reforzando las actitudes y conductas deseadas. Si bien, Kuehl reconocía que todo ello conllevaba un importante elemento de manipulación, también afirmó, con rotundidad que «la mejor propaganda es la verdad».
En relación con esto, pudo convenirse que en España no existe un plan de información de la defensa eficaz, pues no se están alcanzado los resultados pretendidos. Ello puede deberse, tal como subrayó Rafael Moreno Izquierdo, al escaso orgullo nacional y la ausencia de deseo de colaborar en el esfuerzo de la defensa, propio de todas las sociedades europeas, o tal vez, como manifestó el director de «ABC», Ángel Expósito, a que la información sobre la defensa adolece, en nuestro país, de una excesiva politización, fruto de la lucha partidista.

El segundo gran tema fue la relación entre los medios de comunicación social y las fuerzas armadas. Si bien existió un consenso absoluto en que es necesaria una posición de equilibrio entre el legítimo derecho de los medios para obtener y difundir información y los requisitos de sigilo que impone la seguridad de las operaciones militares, el gran debate se situó en torno a dónde debía fijarse esta posición ecléctica, dado que existen intereses claramente contrapuestos entre los periodistas que precisan imperiosamente proporcionar noticias –y noticias «vendibles», incluso teñidas de sensacionalismo– y las exigencias de la seguridad militar.
No pudo por menos de sorprender, respecto a esta materia, la opinión manifestada, durante el acto de clausura del curso, por el Delegado del Gobierno en Aragón, Javier Fernández, relativa a que los militares debían de proporcionar todos los datos disponibles a los medios de comunicación y dejar hacer su trabajo a los periodistas, sin cortapisas. Ciertamente, esta postura, descartada por todos los asistentes al Congreso, incluidos profesionales de la información, no puede sino ser paradójica en alguien de sus responsabilidades y que ha sido militar en activo y después en la reserva transitoria.

Por último, el tercer gran tema se centró en torno a situación y trabajo de los corresponsales de guerra. Se incidió, especialmente, por Alfonso Baulouf de La Iglesia, en la protección de los periodistas en zona de combate. También se subrayó el sometimiento del periodista a la jerarquía editorial y que sus esfuerzos, en muchas ocasiones, consistan en conseguir una imagen sobre el terreno, condicionada por la inmediatez, que sirva de colofón a la confección de la noticia por parte de la redacción.

Como puede observarse, fue un Congreso de interés notable, tanto por lo que se expresó como por lo que dejó abierto: los debates, análisis y estudios que puede provocar entre los asistentes. Y este último aspecto es el más fructífero y eficaz de esta clase de eventos.

Fuente: aragonliberal.es